Niamei Romero
Un poco de mi historia y cómo llegué aquí.
NIAMEI ROMEROSUSPIROS DE COLIBRÍBIOGRAFÍA


Vamos de lo más reciente a lo antiguo. Quisiera ser tan lineal como para contarte de forma ordenada, -como suele hacerse con las biografías-, mi historia. Ya sabes: fecha de nacimiento, la atmósfera familiar, la demografía como radiografía; sin embargo, resulta irrelevante cuando me pregunto qué es lo trascendente.
Así como he sido, fui y seré, ahora mismo voy siendo, y me da paz reconocer que soy un ser inacabado y suficiente en su propia expresión.
Me es también difícil definirme entre nomenclaturas, diplomas y etiquetas pues me limita a sobre identificarme con un personaje que eventualmente evolucionará, por eso me es más fácil compartir de mi esencia, algunas partes importantes de mi viaje de vida con la intención de presentarme ante ti con rostro y corazón, con todos los nombres que me han dado, y las experiencias que han sembrado este servicio en la Tierra.
Así como existen las parteras que acompañan el proceso de parir y nacer, yo me nombro como muertera que acompaña el proceso de morir y doler. Me preparé como tanatóloga en el instituto de Capacitación y Formación Estratégica Integral, y recientemente me diplomé como Doula de Fin de Vida a través de la formación de Esfim y el apoyo de Wilka Roig de la Fundación Elizabeth Kübler Ross. Soy miembro activa de la Red Latinoamericana para el acompañamiento de la muerte y el duelo, a quienes conocí en el 2024 y con quienes estoy desarrollando un lazo profundo y sentido gracias a nuestras sensibilidades conjuntas, aquí se despliega la iniciativa Empoderarte, una vertiente que conjunta el arte y el ritual como vehículo de contención y expresión del duelo. Mi Bisabuela era muertera como yo, también podía ver y hablar con los desencarnados, encaminar las almas a la luz, y acompañar a los dolientes con sus hierbas y palabras, de ella he heredado dones y habilidades para entrar en los terrenos sutiles; dones que cuido con humildad y gratitud. Acompañar el dolor y la muerte podría parecer contrario a mi naturaleza solar tonal de flores, pero conforme escucho a la voz de los ancestros, me dejo guiar y obedecer su instrucción.
Los ritos de paso y las ceremonias ancestrales son el vehículo del cual me apoyo para estructurar los acompañamientos de nacimiento, transformación y fin de vida. Si bien podemos crear un espacio hermoso con altares y flores, medicinas vivas como el canto, la mirada y la caricia, la palabra, el caco y el temazcal; no es la ceremonia el fin en sí mismo sino, lo que se transmite a través de este espacio: lo que se expresa a nivel espiritual, emocional, transpersonal, ergo lo que se despliega en la comunidad y el individuo, cómo nos toma, abraza, mece, sustenta, contiene, para el renacer de la identidad en todas sus posibilidades. El ritual, las medicinas ancestrales, el arte, la comunidad son mis huesos, mi carne y mi aliento.
Cuando hablo de medicinas ancestrales no digo enteógenos, digo: frente en la tierra, temazcal, herbolaria, hablar con el fuego, limpiar energéticamente a un ser o un espacio, caminar descalzos en el suelo, amasar el barro, beber un cacao, hacer un canto, tocar el tambor, soplar el caracol, rezar al agua, los minerales, bañarse en un río, danzar, tomar el sol (beberlo), velar las estrellas, vivir acorde a los ritmos de la abuela Madre Tierra, recordar como cuidar los límites personales, volver a la lentitud, rodearse de seres sanos y amorosos. ¡Podría platicarte tanto de la medicina ancestral! De hecho, si hay algo que me apasiona enormemente, es la medicina tradicional mexicana, un camino que he andado de la mano de mi abuela Eva Cecilia, una mujer de sabiduría que me ha enseñado todo lo que sé de Toltequidad, cuya casa medicina Tlaltonatzintli, ha sido un refugio para mi alma, y su palabra guía que fortalece mi espíritu, con ella y el círculo de hermanos y hermanas barrenderas del astral, vamos en una estela Xamánica recobrando mi identidad como mujer Anahuaca al servicio de la medicina originaria y endémica. También quiero traer a la luz a mi abuela Magda de la Danza de Luna Yaomeztli, con ella me he quemado en el temazcal, portado el fuego, muerto y vuelto a nacer, a ella le agradezco la luz de mi danzar a la nana Meztli. Y ya que andamos nombrando abuelas, aprovecho para agradecer a mis maestras de camino, a Adriana Ordoñez de Vivencia Ecosomática con quien me certifiqué (2022) como Ritualista Ecosomática, de quien aprendí la belleza de la hormonocepción en su taller Sabiduría Matriz, y la potente medicina Somática; un enfoque con el que se tejió y gestó mi taller Sabiduría del Dolor (círculo comunitario para el manejo del dolor mediante técnicas de arteterapia, rituales y toque somático), a Adri le agradezco un sin fin de aprendizajes profundos y elementales. También a Hana Figueroa de Niñas Sabias, con quien me certifiqué (2023) como maestra en pedagogía menstrual del taller Niñas Sabias y con quien puedo germinar mi creatividad libremente. Con Hana colaboré en la redacción del Manual de Niñas Sabias que ahora se emplea para la formación de maestras en todo el mundo.
Todo comenzó en el 2002 tras una ruptura que, en la búsqueda de la reparación raíz, enunció una disciplina formal en el estudio de lo metafísico, búdico y álmico, parecía sólo un complemento de vida, no sabía entonces que se volvería la llave maestra. Aquí aparece mi primera maestra, Monak del centro Seres, quien con ternura me enseñó sin subestimación gran parte de lo que hoy sé acerca de los lazos energéticos; pero que 20 años después por instrucción de un abuelo Marakame me correspondería hacer este mismo servicio pero con un pedernal de obsidiana (cómo se consolida esa ceremonia da para un post completo). En el 2012 en medio de una crisis existencial cuestioné mi lugar en el mundo, intentando dar voz a los llamados que incendiaban mi interior desde niña y que no tenían forma o lógica, entonces aprendí Shiatsu en el Centro Budista de la ciudad de México con la enseñanza de Rocío Rámila Aspée y Reiki en el colegio mexicano de reiki sin contar que sería parte de mi sustento primordial y el conducto a muchos regalos del universo. De esta decena agradezco la presencia de Martín, quien fuera mi terapeuta, y con quien pude sanar ámbitos del alma. Así, también aprovecho para abrazar el taller El Arte de Vivir, de quienes recibí el primer grado de guía en la técnica de respiración alcalina, entre otras cosas. El portal de revelaciones continúa en el 2014 con el rotundo amor que se engendró durante el embarazo de mi única hija viva, quien me enraizó a la vida y a Gaia como una ráfaga de luz verde esmeralda, lo primero que tuve claro fue el deseo de aprender ginecología autogestiva, la maternidad libre, la crianza respetuosa, la menstruación consciente, las prácticas de autocuidado ancestrales, la consciencia planetaria, eso abrió una puerta, en sí fue un despertar de consciencia mientras que todo lo anterior se posicionaba como una preparación para esta gran entrada de luz y servicio. De aquí el movimiento de energía revolucionó mi cuerpo, alma, mente, mi percepción de lo que significaba ser mujer, el misticismo, el poder de la madre mamífera, la laguna oracular del sagrado femenino, todo ante mí como una bola de cristal con mensajes premonitorios, indescifrables y potentes. Comencé mi primera línea de medicina herbolaria y fundé Suspiros de Colibrí, un proyecto que en su inicio tenía la intención de ser un centro holístico para mujeres y sostenido por mujeres, una escuela, tienda ecológica, punto de encuentro... lo que tenía claro es que entre el nacer y el morir, hay solo un suspiro, tan pequeño como el suspiro de un colibrí que viene a decirnos que hay vida después de la muerte. Todo esto sucede mientras soy una madre recién nacida, cuando la persona que solía ser había cambiado radicalmente, con una hija a la que deseaba (y todavía deseo), darle un legado.
No puedo decir que el postparto fue fácil, estos despertares no fueron un paseo romántico, de hecho me colocaron en una nueva crisis existencial, en un punto del camino donde ya no podía seguir posponiendo mi destino álmico.
Asistí a una ceremonia de medicina sagrada, reconecté con el temazcal, hablé con el fuego, les pregunté si acaso yo podía servir a las mujeres en círculos, sanando, compartiendo palabra, dudaba tanto de mí... La respuesta del fuego "Xurave Tamay" (lucero de la mañana, brilla).
Honro todo lo que tuvo que pasar en el 2017 cuando hice un salto de fe al vacío porque la vida como la estaba viviendo no me acercaba a mi plan divino. Salté aunque no tenía claro dónde iba a caer, y sí, estuve durante un periodo en un túnel muy oscuro en parte por el contexto cultural y estructural con que la sociedad coerce ante las mujeres que se liberan de las opresiones, todo eso que pasa cuando una deja de ser obediente con los mandatos de género. Pero solo fue una fase y me fortaleció.
Sí, estudié carreras normativas, sí, tuve pocos trabajos ordinarios, sí, intenté encajar en el mundo, menos mal que no encajé en los lugares incorrectos, y que me llevé hasta los espacios coherentes con mi esencia, bajo el cuido de la Diosa y la vida.
Sí, al inicio tuve dudas y miedo. Pero seguí mi corazón y mi cultivo, en el 2018 tuve la grata oportunidad de iniciarme como Moon Mother N1, de la propia presencia de mi querida maestra Miranda Gray, de ella aprendí la bendición y sanación de útero, aquí comienza una preciosa profesionalización entre círculos con bellos altares, gracias a ella y sus mujeres, todavía hoy camino con el cariño y ternura de muchas de ellas, al igual que todas las mujeres que se han entretejido en mi andar, la abuela Isabel del círculo lunar de las hadas, el abuelo Alberto de Temazcalli Casa del Sol, mis hermanitas de la Comunidad Sororidad Colibrí, las alumnas de las formaciones, todas las que han venido a nuestros círculos desde hace ya diez años, y que han sido parte de esta trayectoria.
Gracias a mi madre por darme la vida, a mi hermana de sangre, Sofía y Heidy, a mi hija, a los animales que me acompañan en la vida, a las autoras que me inspiran, a todas las personas que no estoy nombrando, no porque sean menos importantes, sino porque han deseado permanecer en el anonimato. Gracias a mis hijos que hoy viven en las estrellas, porque son y siempre serán mi primer portal de la sagrada muerte, a mis guías ancestros, y a la yo del pasado-futuro, porque esa voz ha sido faro.
Como ves no es una línea, es un entramado de eventos, mujeres, puentes, portales, saltos, nodos, elecciones conscientes, admisión de experiencias; semillas que florecen y árboles que dan frutos. No es una escuela, ni un título, es un camino de vida elegido, un reencuentro con la voz interior que se pone al servicio de la comunidad viva y el plan del alma.